lunes, 7 de diciembre de 2015

TIRANÍA DE UNOS BESOS

 
A la sutil tiranía de unos besos sometido,
esclavo soy de los labios donde estos se originan,
labios rojos, alfaguara de entusiasmos encendidos.
 
Agitadas inmersiones en los mares de saliva
que bullen tras la frontera de esos labios hechiceros,
son el sueño de mis noches, son el afán de mis días.
 
Pletóricas aguas que de mi delirio hacen reflejo,
humedales que atemperan la ardentía de la sangre,
que principio y fin otorgan a mis tórridos deseos.
 
Más allá de tales labios ningún puerto o baluarte
amparo ofrecer podría a este indómito arrebato,
crisol ígneo donde hierven los reclamos de la carne.
 
Al imperio de esos besos mi albedrío está aferrado,
prisionero en las galeras de su hechizo portentoso,
férvido encierro tras cuyas llamas deliro y ardo.
 
En átomos de esperanza cada beso descompongo
y luego los guardo todos en ese rincón del alma
donde brotan los anhelos como miríficos hongos.
 
Es en mi propia condena donde está mi salvaguarda,
paradoja que origina que en mis desvaríos pueda
reír a lágrima viva y llorar a carcajadas.