lunes, 10 de agosto de 2015

ASFIXIA

 
Así como el aire falta y sofoca su ausencia los pulmones,
 
así la tuya conduciendo está mi alma hasta la asfixia,
 
opresiva ausencia, expoliadora de ilusiones y de anhelos,
 
tormento de manos extendidas sin tocarse,
 
de besos que murieron antes de hallar esos labios
 
que marcaban su destino.
 
Con el afán de buscarte, la mirada elevo al cielo
 
y respiro con fuerza,
 
con deseo incoercible, con ansia embriagadora,
 
con afanes de fiera encarnizada;
 
pero no estás, sólo oscuras nubes se reflejan en mis ávidas pupilas,
 
ávidas de ti, de tu imagen, de tu adorada presencia,
 
pero tú no, tú no estás,
 
y yo me muero.
 
Privados de su oxígeno vital, secos quedan los alveolos de mi alma,
 
un alma mecida entre atronadores silencios,
 
entre gritos que enmudecen junto a tumbas marginadas,
 
quietudes de espanto que forman un nudo dulzón que oprime mi pecho,
 
y así como la ira de Dios dicen se despliega sobre quien más ama,
 
así mi furia se derrama sobre ti, sobre ti a quien amo con toda el alma,
 
furioso por tu ausencia, por esa lejanía que me quiebra en pedazos
 
y hace de mis ojos brotar un llanto acerbo,
 
un llanto de impotencia y de rabia incontenidas,
 
de dolor, de saña,
 
lágrimas de azufre que caen sobre el vacío de tu ausencia
 
para formar sulfúricos arroyos,
 
regatos por los que discurren esperanzas que nacieron ya marchitas,
 
sin brillo, esperanzas hueras de esperanza,
 
esperanzas muertas,
 
víctimas de esa contienda estéril en la que batallo inerme,
 
perdida de antemano toda lid,
 
porque me faltas tú, porque me falta tu aliento,
 
porque sin ti agonizo y muero, anudado al cuello el dogal de la añoranza.
 
La necesidad me hiere con sevicia,
 
crueles puñales que me horadan por dentro,
 
sin que ni siquiera el tiempo pueda cicatrices dejar en las heridas,
 
abiertas que están como postemas supurantes,
 
como las grietas de mi propio pecho, abierto y estragado,
 
y hasta mi saliva se hace amarga sin el almíbar de la tuya con ella compartida.
 
Mil vidas viviría por ti, para ti, contigo,
 
Pero ni una sola merece la pena si en ella no estás tú