jueves, 2 de abril de 2015

UNA VEZ MÁS


           Quiso que marchase con él hasta más allá de los confines que hasta entonces trazara el compás de sus propios miedos e inseguridades, los dos juntos caminando hasta alcanzar el fin del mundo, de todos los mundos, sin más propósito que el de disfrutar de cada paso, de cada curva, de cada intervalo; pero ella objetó que no se sentía con fuerzas para emprender un viaje que pudiera conducirla de nuevo a ninguna parte, siendo por ello que, ante su mano tendida, le dijo que prefería caminar sola.

           Le pidió que cerrara los ojos y se dejase llevar por la luz que desde dentro proyectaba el fanal de su instinto, desnuda de todo lastre que le impidiera avanzar en pos de sus sueños; pero ella replicó que le asustaba la ceguera y que temía desprenderse de la protección que le brindaban sus armaduras, por pesadas que estas resultasen.

           Le dijo entonces que nada debía temer, que él cuidaría de ella para siempre, sin titubeos de ningún género, sacerdote consagrado a la felicidad de su única diosa, viviendo por y para ella, afanado en el sacro propósito de hacer de cada instante compartido una plétora de dicha; pero ella respondió que el mayor de sus miedos era precisamente el de perder la libertad, que se consideraba a sí misma un pájaro que, pese a su fragilidad, querría siempre volar libre, sin nadie que la protegiera más allá de sus propias panoplias.

           Quiso él ofrecerle el mundo, su mundo, un mundo donde germinaban toda clase de sueños y esperanzas; pero ella no quería más mundo que el que latía dentro de ella misma, un mundo exclusivo que poblaba su mente de coloridos escenarios y su alma de extravagantes fantasías, y en ese mundo no había cabida para nadie más, pues era un mundo hecho para ser descubierto cada día con los ojos de una niña y disfrutado con el corazón de una mujer.

           Y fue así como el hola que de los labios de él brotase, henchido de esperanzados anhelos, terminó tristemente despachado con un adiós por los de ella, un adiós que, gélido como el invierno, le llevó a alejarse de su vida, con la mirada perdida en el vacío y la pena como único abrigo para su alma entumecida.  

           Pasó, sin embargo, el invierno y no fue sino sentir la tibieza de una nueva primavera para que el espíritu se le remozase con flamantes brotes de esperanza que le llevaron a volar otra vez a su encuentro, sin más equipaje que el ánimo renovado y el corazón enardecido, palpitante de entusiasmo, consciente de que sin ella la vida se le escurría entre los dedos, que el resquicio por donde en su momento se le colara dentro, lejos de haberse cerrado, estaba más abierto que nunca, porque ella era en realidad su luz, desprovisto de la cual era él el verdaderamente ciego, porque sin ella no habría más sonrisas en sus labios ni ilusiones en su alma, porque sin ella se veía incapaz de seguir siendo él, y hasta su propio nombre se convertía en poco más que un sonido hueco si no lo escuchaba en boca de ella, porque ansiaba estar en ella para siempre, dentro de ella, en lo más profundo de ella, porque era en el fondo él quien tenía miedo de estar lejos y su propia sangre la que se derramaba en copiosas hemorragias cuando la sentía ausente.

           Llamó por tanto a su timbre y una vez más le dijo hola, y una vez más alargó su mano tendida hacia ella, y una vez más le exhortó a que caminasen juntos, y una vez más le pidió que cerrase los ojos, y una vez más le explicó que no debía tener miedo, y una vez más le ofreció el mundo, su mundo.
 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Uffff me ha encantado!!! Es el texto tuyo que más me ha gustado.
Además, me he identificado muchísimo, hace muchos años que vivo sola y disfruto mucho de mi compañía.
Pienso además, que el amor se disfruta más, a bocados. La convivencia suele desgastarlo.
Por eso, creo que cada uno puede tener su propia casa, su propio mundo y su libertad. Y en medio de eso, disfrutar del caudal de un río de amor tierno y apasionado.
Y la canción: HER-MO-SA.
PAULIS.

Cavaradossi dijo...

Celebro que te gustase tanto el texto como la canción.
Y me ha encantado esa frase tuya de "el amor se disfruta más a bocados". Muy original... y muy cierto además
Gracias, Paulis, por bucear en mi mar de los sueños

Bruja Piruja dijo...

" Le pidió que cerrara los ojos y se dejase llevar por la luz que desde dentro proyectaba el fanal de su instinto, desnuda de todo lastre que le impidiera avanzar en pos de sus sueños"

Deberíamos dejarnos llevar más por los sueños, el instinto, las emociones... La razón ocupa demasiado lugar en nuestras vidas, y si no fuera así, quizás seríamos más felices...

Cavaradossi dijo...

Enteramente de acuerdo contigo, Bruja Piruja. Ningún timón puede llevarnos a mejor puerto que el conformado por nuestros sueños, instinto y emociones.

Muchas gracias por tu comentario

Anónimo dijo...

Y una vez más... me ha encantado Cavara

Luz de Luna

Cavaradossi dijo...

Y una vez más yo celebro que te gustase, Luz de Luna, y una vez más te digo que es un placer tenerte en este rinconcito