domingo, 19 de octubre de 2014

TODAS LAS ESTRELLAS LLEVAN TU NOMBRE


Todas las estrellas llevan tu nombre,

rebautizadas que fueron por el ardoroso afán
que desde mi pecho ardiente,
tornado pincel de fuego,
se elevó hasta atravesar
los astronómicos bordes que enclaustran el firmamento.
Anhelante por llegar a los más lueñes confines,
rasgó mi ansia la capa que viste de azul al cielo
y, dejando atrás las nubes,
rasgó asimismo su negro,
hasta por fin alcanzar el núcleo donde se agrupan 
las estrellas más candentes,
la bóveda celestial donde, cual traviesas brujas,
alegres danzan e invocan
a los caprichosos dioses,
rogándoles les concedan inconfesables deseos.
Hasta allí ascendió mi anhelo, germinal e incandescente,
y una a una, a cada estrella,
les fui poniendo tu nombre; 
conjuré fuego con fuego, derramé mil sortilegios,
y en hechizo omnipotente vertí tu esencia en sus llamas,
sabedor de que al hacerlo
espacio y tiempo alteraba y de ese lugar hacía
un perdurable presente.
Ahora es tu nombre, amor mío,
el que define lo eterno,
y es ahora cada estrella de tu semblante un reflejo,
carrusel de olas azules,
festival de azul belleza,
rostro amado que proyecta
mis más codiciados sueños.