domingo, 31 de agosto de 2014

LA CRUDA REALIDAD


      
      Aguardaba ansiosamente su llamada, asida al teléfono móvil como un náufrago se aferraría al madero que constituyera su última esperanza de supervivencia; pero el aparato, ajeno a esta ansiedad, mantenía el angustioso silencio en que había permanecido durante la última hora. Él había prometido llamarla antes de las diez de la noche, a y cuarto lo más tardar, pero ya eran las once y aún nada, silencio absoluto; sólo se oían los aislados rumores de la noche, el silbido apagado del viento, el crepitar de algún insecto entre la broza del jardín, algún que otro maullido distante, poco más.
 
           Se le habría olvidado, pensaba ella, consternada. O quizá estaba demasiado ocupado y no podía. Pero… ¿ocupado con qué? A esas horas no se le ocurría qué pudiera estar haciendo. ¿Le habría sucedido algún percance? No, esa contingencia había que descartarla de inmediato, sólo pensar en la posibilidad de que algo malo pudiera haberle pasado la hacía presa del pánico, de modo que la alejó de su pensamiento sin más contemplaciones, como se echa a un visitante incómodo. Pero entonces, ¿dónde se hallaría? ¿Estaría solo? Ah, seguro que no, se respondía ella misma, carcomida por los celos, a esta última cuestión.

           La incertidumbre hacía que las manos le temblasen como flanes. Las once y cuarto. Se metió en el portal para resguardarse del relente de la noche, y allí, mientras continuaba esperando el polifónico aviso, permitió a la imaginación volar hacia los estimulantes vergeles donde atesoraba sus más gratos recuerdos, aquellos que se correspondían con los miríficos momentos vividos junto a él, y así, de este modo transportada, pudo fugazmente recrearse de nuevo en sus besos, en sus caricias, en el fuego de su piel desnuda pegada a la suya… Pero ¿por qué no la llamaba? ¡Estaría con otra! ¡Seguro! Eso explicaría la razón de su displicencia. ¡Ah, malditos hombres, todos cortados por el mismo patrón!
 
           Las once y media. Incapaz de seguir soportando la espera, se planteó la posibilidad de ser ella quien le llamase, si bien, visto lo tajante que él había sido de ordinario al tratar esta cuestión, desechó casi al instante la idea. Tenía que ajustarse a lo convenido, que no era sino que sería él siempre el encargado de telefonear, sin que bajo ningún pretexto pudieran ser invertidos los papeles a este respecto. Cosas de la clandestinidad.
 
           Lo cierto era que allí sola, en la penumbra del portal, privada de la voz que tanto anhelaba oír, apenas si podía contener las lágrimas que desde sus ojos amenazaban con derramarse. Se sentía impotente y frustrada, perdida en medio de un océano de dudas para las que no hallaba ninguna revelación satisfactoria. Las doce menos cuarto. La ira se mezcló con la frustración y le hizo apretar puños y dientes con furia; tan encrespada se sentía que hasta le vibraban las aletas de la nariz, una furia que oscurecía su pensamiento, disolviendo cualquier tipo de idea racional.

           Pero la realidad se imponía: estaba claro que ya no llamaría esa noche. Tampoco ella podía seguir demorándose más, de modo que desconectó el móvil y subió las escaleras, completamente aturdida, llena la cabeza de preguntas sin respuestas, hasta llegar a casa.

           ¿Cómo es que tardaste tanto, Ana?

           La voz de su esposo, penetrante como un buido estilete, la recondujo de vuelta a la cruda y tediosa realidad.

11 comentarios:

El Hada de los Cuentos dijo...

Desde luego si es una cruda realidad. Inmersa en un matrimonio desgraciado y a la vez olvidada por el amante. ¡Terrible situación! No me gustaría estar en su piel. ¡Estupendo relato!
Que tengas una feliz vuelta al trabajo. Que sea real, pero nunca cruda, je,je.
Un abrazo.

Cavaradossi dijo...

Muchas gracias, Hada. La realidad tiende a ser cruda, qué duda cabe, de ahí que a algunos nos guste leer, escribir y, en definitiva, crear escenarios donde, a lomos de la imaginación, escapar a ratos de esa dureza... Pero mañana toca vuelta al trabajo, y de esa cruda realidad no hay escape, jajaja.
Un fortísimo abrazo

Anónimo dijo...

Impresionante como escribes!!!
solo decirte genial ,gracias por compartir ese mar que inunda tu imaginación.

Cavaradossi dijo...

Muchas gracias por tu comentario, lector anónimo. Celebro mucho que te guste mi manera de escribir.

Anónimo dijo...

Gracias a ti,por darnos estos momentos de bienestar y el gozo completo que siento al leerlos (la "cometochos";)

Anónimo dijo...

Buen relato Cavara, su amado debia de estar ocupado, pero ocupado con que? tal vez haciendo una llamada a otra persona? cuantas mujeres mas esperarian su llamada?

Te felicito amigo

" Anónima "

Cavaradossi dijo...

Gracias "Anónima" por tu felicitación y tu comentario. Preguntas las que formulas cuyas respuestas quedan a la libre imaginación del lector, no en vano son muchas las posibilidades, como muchas son las distintas realidades, las crudas realidades.

Anónimo dijo...

Un amante...alguien q te ama y a quien amas! No importa si a veces no llega esa llamada o tu no puedes hacerla. Nada existe más dulce q la voz amada al telefono...estar con el,ya, pero a veces no puede ser y x eso los momentos de telefono son mágicos...

Bonito relato. Lleno de interpretaciones.

Mar.

Cavaradossi dijo...

Gracias por tu aporte, Mar. Es cierto que nada hay más bello que amar y ser amado, por más que a veces el amor deba sortear infinidad de obstáculo, sobre todo en las relaciones clandestinas.

Orgi Oidos dijo...

La cruda realidad, si, a veces nos montamos unas películas y no nos damos cuenta que la respuesta está ahí, a la vuelta de la esquina.Muy bonito tu relato. Besos

Cavaradossi dijo...

Gracias Orgi. Celebro que te gustase

Un besazo