viernes, 7 de febrero de 2014

COMO MORIR DOS VECES


Fenecer en el desánimo es como morir dos veces,  
se muere al deslucirse la sonrisa  
y se muere cuando ya se apaga el alma. 
Ni el más copioso venero, 
de puras aguas henchido, 
calmar podría la sed de un alma marchitada,
ni ningún sol iluminar los prohibidos sueños 
que de ilusiones vanas son reflejo,
como tampoco plato alguno alimentar el optimismo
sumergido en las cavernas de lo huero.
 
Fenecer en el desánimo es, sí, como morir dos veces,
primero se torna el corazón de piedra,
y se muere,
se muere sin que mirada alguna,
por dulces que sean los ojos donde emerja,
suavizar logren el dolor de los guijarros rotos,
y se muere al fin en el desahucio del averno,
allí donde la aflicción echa raíces e instauran las congojas acre escuela.
 
No hay perro que las heridas lama al desahuciado
en ese infierno donde la muerte se duplica,
el alma, hecha jirones, piedra entre las piedras convertida,
se pudre como flor a las tinieblas desterrada.
¡Morir después de haber nacido tantas veces!
¡Cómo duele!
En profunda sepultura enterrado el sentimiento,
se quiebra el eco de las palabras vanas,
y sólo un compromiso de silencios anudados
sella la tumba donde, de energía desprovisto,
reposa para siempre el abatido aliento.
 

2 comentarios:

María dijo...

Qué bonito verso, pero a la vez qué triste y desgarrador, Cav.

Espero y deseo que no te sientas así. Un besazo

Cavaradossi dijo...

Gracias, María. Me alegra que te gustase.
Supongo que todos podemos llegar a sentirnos así en un momento dado, la vida son ciclos e igual que se disfruta de los buenos, los malos también golpean fuerte a veces.
Un montón de besos para ti