jueves, 4 de agosto de 2011

QUIERO

Quiero de nuevo observar la sonrisa que tus ojos,
cuando pícaros se estiran bajo el dosel de los párpados,
en un instante fugaz dibujan alborozados.
Quiero con su luz colmar ese tapiz que la noche,
discreta y engalanada, a bien nos tiene brindar
como gozoso escenario.
Quiero de placer temblar.
Con embeleso mirarlos.
Y de su luz extraer
la mecha que prenda el fuego, hipnóticamente mágico,
que a ti y a mi nos envuelva con su flamígero manto.

Quiero de nuevo gozar del elixir de tu boca
cuando mis labios la besen con indómito arrebato,
y las horas estancar en ese momento exacto.
Quiero morir y vivir en el tiempo detenido,
que se icen mis sentidos al mayestático altar
a esa boca consagrado.
Quiero en ella bucear.
Recorrerme sus meandros.
Con mi lengua humedecer
todo intersticio que encuentre a su sinuoso paso
por ese grato cubil que guardan tus dientes albos.

Quiero otra vez disfrutar de tu mirada huidiza,
mirada de niña tímida que cual si fuera un relámpago
arrebola tus mejillas cuando te cubro de halagos.
Quiero de nuevo notar las donosas evasivas
con las que pliegas tus formas al sentirte desnudar
por el afán de mis manos.
Quiero hacer de ti un volcán
de magma y lava colmado.
Quiero verte enrojecer
con el pudor de una ninfa a quien su ardoroso amado
la piel tiñe de escarlata con la ignición de su abrazo.

Quiero mojarme otra vez con la humedad de tu cuerpo,
albufera de fluidos que manan desde ese caño
donde se agitan humores por la pasión excitados.
Quiero de nuevo tensar las cuerdas de tu deseo,
afinarlas con lujuria para luego ejecutar
compases encadenados.
Quiero tus pechos tocar.
Morderlos, acariciarlos.
Y llenarte de placer
hasta que el sentido pierdas en un frenesí alocado,
delirante carrusel de amor, pasión y pecado.

Quiero ser una vez más ese ávido vampiro
que tus arterias profana en incruento holocausto
para libar la ambrosía que de droga sirve al ánimo.
Quiero de nuevo clavar en tu cuello mis colmillos,
embriagarme de ti, mi sed inmensa aplacar
hasta sentirme saciado.
Quiero tu sangre chupar.
Bañarme en su rojo ácido.
De tu esencia de mujer
quiero calmar mi apetito, ¡y quiero calmarlo raudo!,
como una esponja absorber tus deliciosos extractos.

Quiero otra vez penetrar en tu vientre apetecido,
fundir con mi cuerpo el tuyo en inquebrantable lazo,
moverme dentro de ti y gozar y ser gozado.
Quiero tu sexo llenar con mi sexo endurecido,
conducirte hasta el Olimpo que hace del placer carnal
principio, fin y pináculo.
Quiero en tu seno estallar.
Sacudirme en mil espasmos.
Y mi simiente verter,
mientras siento la presión de tus muslos apretados,
en la explosión colorida de un inigualable orgasmo.

Los ojos quiero cerrar para pedir a los dioses
que eliminen la distancia que separa nuestros hados
y aparecer junto a ti en meteórico tránsito.
Me importa un bledo implorar, deprecar incluso a voces,
con tal de que mis clamores puedan al fin alcanzar
el objetivo anhelado.
Quiero en el viento viajar.
Recostarme en tu regazo.
Porque por volverte a ver
de impaciencia me consumo y los días son muy largos
si tú no estás junto a mí, si tú no estás a mi lado.