domingo, 16 de enero de 2011

CARTA A UNA BRUJA (10): SOLEDAD Y RUTINA

         Hola, bruji. Hoy es una de esas noches en las que me encuentro asaltado por una pegajosa sensación de soledad. ¿Te sucede a ti a veces algo parecido? Supongo que sí, no en vano la soledad viene a ser algo así como un catarro, una afección que tarde o temprano todos padecemos, de manera que difícilmente ibas a ser tú una excepción, por más que, habida cuenta tu mágica naturaleza, sea difícil imaginarte sintiéndote realmente sola. Lo digo en serio, no es fácil saber si los poderes de las brujas pueden claudicar o no ante los embates de la soledad. Ya me lo dirás tú cuando vengas a verme, tú que eres la bruja más bonita y poderosa del mundo. Eso sí, cuando lo hagas, quiero que sea susurrándomelo al oído.

           En todo caso, dejando aparte el símil del catarro, lo cierto es que la soledad, examinada desde una perspectiva objetiva, no es de por sí algo bueno ni malo o, mejor dicho, será algo bueno o algo malo según cuáles sean los efectos que se perciban al recibir su abrazo, de las circunstancias concretas de dicha recepción y del uso que se haga de ella. Habrá quienes vean en ese abrazo una caricia relajante y quienes, en cambio, se sientan oprimidos por él hasta la asfixia, porque estamos, en definitiva, ante un ente que posee dos caras bien diferenciadas: una amable, benévola, complaciente, cuyo atisbo a menudo se reclama a modo de bálsamo antiestrés, que se ansía incluso, necesitados de su amparo para poder respirar en plenitud, y otra, por el contrario, horrenda, cruel, monstruosa faz de tarasca que nos asusta y asfixia, envolviéndonos con su manto vacío, tétrico como las sombras del infierno. Las dos caras de una misma moneda, luz y oscuridad, calor y frío, ying y yang. La buena y la mala soledad. Disfrutamos del cortejo de la primera y nos abandonamos con fruición a sus caricias; pero, ay, la otra, la mala, la que viene impuesta por las circunstancias, ésa es infame, provoca que los días no sean sino una insulsa sucesión de horas, huecos, sin sentido, vacíos de contenido, es una soledad que conduce al tedio, al infinito aburrimiento que infecta nuestro ánimo de grotescos leviatanes cuyo exorcismo nos empuja a emitir gritos desesperados que no encuentran receptor alguno.

           Buscamos muchas veces la soledad para poder sentirnos a gusto en su cobijo, pero cuando es ella la que nos busca a nosotros, ah, entonces nos aterra. Yo no soy una excepción en ese sentido. Reconozco que también me asusta mucho ese lado oscuro y gélido de la soledad, y de ahí que procure evitarlo siempre que me sea posible.

           Tocaría, por tanto, hablar ahora de los remedios para combatir esa soledad no deseada, y lo cierto es que suelen enumerarse varios, aunque imagino que con ellos debe pasar algo similar a lo que sucede con los medicamentos, que los que van bien para algunos no sirven tanto para otros. Lo mejor es, siempre que se pueda, recurrir a los amigos; hablar con otros seres de carne y hueso resulta casi siempre el modo más eficaz para quitarse de encima esas molestas telarañas que percuden el alma. A ese respecto, no puedo sino confesar que tú te has convertido en mi principal refugio para estos casos, pues, además de mi fuente de inspiración, te considero una entrañable amiga. El problema se acentúa, no obstante, cuando se carecen de tales amigos, carencia que, por lo demás, suele ser lo más común en estos casos, como el propio nombre soledad parece sugerir, ya que, al contrario que yo, tocado por la inmensa fortuna de contar contigo, no todos tienen a su disposición una brujita amable y divertida, y esa penuria en lo que a amistades se refiere obliga a recurrir a otros sucedáneos. Existen para tales casos los métodos tradicionales, como la lectura o la música, entre otros, acicates del espíritu por excelencia, si bien hay que decir que tales actividades no resultan siempre del agrado unánime. Internet se ha convertido últimamente en una útil herramienta a estos efectos, por más que entrañe el peligro de pretender convertirlo en sustituto del mundo real, papel que, en mi opinión, excede a su auténtica naturaleza, que no es otra que la de ser un instrumento interino, un mero juguete con el que de vez en cuando pasar el rato y mitigar esa puñetera soledad. Yo abogo en cualquier caso por la actividad real, por el movimiento, por la participación en el rotar del mundo a través de los medios que a nuestro alcance se dispongan, por hacer en definitiva que las cosas pasen, en lugar de mirar cómo éstas pasan. Comprendo, sin embargo, que no todo el mundo es capaz de afrontar así sus problemas de soledad; mucha gente tiene un carácter apocado que se superpone al empuje de cualquier fuerza capaz de incentivar su perdido dinamismo, de modo que para ellos la soledad se transforma en un sanguinario depredador, un vampiro que consume sus energías hasta dejarlas huecas y lasas, sumidas en un profundo marasmo que, cual cruel círculo vicioso, les imposibilita todavía más la realización de cualquier tarea, siendo así que cada vez se introducen más y más en sí mismas, hasta llegar a una total y absoluta misantropía. Para ese tipo de personas no tengo válidas respuestas. Lo siento.

           Pero como te dije al principio, la soledad es algo que de una u otra manera nos afecta prácticamente a todos, incluso (más aún si cabe) aunque nos hallemos rodeados de gente, no en vano no es lo mismo estar solo que sentirse solo, y uno puede sentirse solo en medio de una multitud. Quizá sea una consecuencia más de la necesidad de afecto que tenemos todos los seres humanos, algo que en el fondo nos hace sumamente vulnerables, por más que a veces nos queramos revestir de paveses mediante los que contener los golpes.

           Con la rutina paso algo semejante. Se le otorga generalmente un significado peyorativo, pero lo cierto es que a veces puede resultar agradable, sobre todo cuando las novedades que la oscurecen constituyen de por sí una continua sucesión de adversidades cuyo fin se ansía. No obstante, lo normal es que resulte triste y tediosa, un sombrío devenir diario donde las variaciones entre ayer, hoy y mañana apenas resulten perceptibles. Este tipo de rutina desabrida acaba generando una enorme sensación de vacío en quien la padece y hace aflorar el deseo de cosas excitantes que ayuden a romper su insufrible tiranía.

           De todas formas, hay que reconocer que en cierto modo todo es rutina. Quizá por ello lo mejor sea, haciendo un esfuerzo de contención, no pedirle a la vida más que lo que de por sí nos brinda, actitud que, a buen seguro, garantizará un espíritu sosegado y libre de molestos reconcomios; al fin y al cabo, como en su día dejara escrito Publio Siro, “el que está contento con lo que tiene, posee la mayor y más segura de las riquezas”. El problema es que esta filosofía, que generalmente aconsejo a los demás, me cuesta aplicarla a mí mismo. Será porque soy un inconformista y esto de la resignación no termina de ir conmigo…. Bah, mejor no hacer demasiadas cábalas al respecto, no en vano cada uno es como es y punto.

           Bueno bruji, espero verte pronto: juntos tú y yo está claro que no hay soledad ni rutina capaz siquiera de rozarnos.

           Dos besos y una rosa para ti.

          C

6 comentarios:

kore dijo...

Perdona que interrumpa la charla...pues me da la sensación de meterme en medio de una conversación...y no se si hago bien en participar...pero ahí lo dejo..después tu verás si lo publicas
La soledad y la rutina...un arma de doble filo...mi truco está en soñar...cuando te pesa demasiado...mientras haces lo de todos los días...cuando aún rodeado de gente sientes esa soledad que te invade...yo sueño...recuerdo a un amigo..un momento...a veces me invento situaciones...me voy a mi mundo...que es como a mi me gusta y hago lo que quiero...en fin..cada uno tendrá su método pero a mi me sirve y ya pocas veces no disfruto de mi soledad...aunque sea impuesta...

Un besico

Cavaradossi dijo...

No sólo no interrumpes nada, Kore, sino que tu presencia en este mar de los sueños siempre es bienvenida.
Me apunto a ese truco tuyo de soñar para evadir a los demonios de la soledad y la rutina. Me parece fantástico. También yo recurro a él a menudo.
Un beso y gracias por tu comentario.

Ruty dijo...

Buena manera de ver las dos caras de la moneda.

Es precioso inventarse a menudo un lugar donde soñar, donde solo exista lo que realmente deseamos, y ni la soledad ni nada nos invada negativamente, lo que más me gusta a mi es salir a pasear y con las imágenes más bonitas que percibo crear pequeñas escenas de sueños, dejar volar mi imaginación creando momentos placenteros casi como si lo viviera realmente en el presente.

Cavaradossi dijo...

Sí, es bonito soñar, permitir que la imaginación cree lugares o situaciones donde uno pueda evadirse.
Pero más bonito aún es cuando las coordenadas del destino hacen posible que algunos de esos sueños se conviertan en realidad.
Un beso, Ruty. Gracias por pasarte por aquí.

María (Muriel) dijo...

Un amigo mío me decía que a la soledad había que tratarla como a una amante:
Cuando seduzca... acompañarla; cuando hiera... ignorarla.

Cavaradossi dijo...

Pues estoy bastante de acuerdo con ese amigo tuyo :-)