miércoles, 10 de marzo de 2010

CARTA A UNA BRUJA (7)

Hola, brujita. Hoy voy a llevarte de paseo, quiero que me des la mano y caminemos en silencio, bajo la luz de las estrellas, intentando escuchar los ecos del pasado entre las piedras. Ven, vamos a movernos entre columnas, viejas pilastras que ya no sostienen nada y que en su soledad ruinosa parecen elevarse hasta el firmamento. ¿Puedes escuchar lo que dicen sus bocas de mármol? Cierto engreimiento se desprende de sus palabras, por más que no sean sino siseos de viejos espectros, parca oratoria con la que rememorar la gloria vivida durante aquellas remotas fechas en que sostenían, ufanas, palacios y templos. En el fondo, sin embargo, más allá de esa aparente vanidad, su testimonio viene henchido de tristeza: el esplendor es efímero; el quebranto, inevitable; la agonía, imperecedera. Eso es lo que yo interpreto al escuchar sus añejas resonancias. Fuera de este lamento sesgado, no observo sino el estéril intento de revivir épocas pretéritas que ya no han de volver, antojándoseme en ese sentido sus capiteles pétreos cerebros donde anida el recuerdo de lo que fue y ya no es ni será. ¿No te parece su periplo un calco en piedra de lo que en suma es toda vida humana? Vestigios son ellas, las columnas, de un pasado glorioso, de idéntico modo que llegará el día en que nosotros mismos seamos vestigios de nuestro propio pasado. Por fortuna, en nuestro caso aún quedan bastantes años para que eso suceda, lejos estamos tú y yo todavía de ser meros vestigios; tú más lejos que yo, claro. Pero llegará el infausto día en que así sea, lo inevitable siempre acaece tarde o temprano, de ahí precisamente su cualidad de inevitable. Quizá en esa certeza se fundamente mi empeño, enfermizo a veces, por desplegar al máximo el abanico de las sensaciones, consciente de que el pasado está muerto, el presente sólo es un fugaz suspiro y el futuro un torrente incierto cuya desembocadura última, nos guste o no, está en la ruina y la muerte.

Pero no hablemos ahora de cosas tristes. Mi intención, desde luego, no era esa, por más que las palabras broten a veces indómitas de mi garganta, sin atender al propósito que el pensamiento ideó para ellas en un principio. Tal vez sea porque aunque el pensamiento vuele, las palabras, modestas ellas, sólo pueden permitirse ir a pie. Así que ven, prosigamos nuestro recorrido, que la noche invita a pasear…. Aunque antes… sí, apoyémonos antes sobre muros de fantasía y elevemos los ojos hacia el cielo estrellado. Respira profundamente, deja que tus pulmones se inflamen con el aire de esta noche mágica. ¡Qué maravilla! ¿No notas como si ese aire, una vez dentro de ti, se transmutase en algo sólido, algo cuyo contacto íntimo hiciera vibrar los filamentos nerviosos de tu cuerpo? Yo sí lo noto, siento como si de repente me poseyera toda una legión de ángeles, y digo ángeles por la naturaleza empírea que sin duda posee esa sensación. Noche mágica, momento mágico, idóneo para decirte otra vez lo mucho que te quiero… Vale, ahora sí, ahora ya podemos seguir caminando. Se me hace tan grato pasear a tu lado, bruja, ya sea tomados de la mano, ya abrazados por el talle, que podría hacerlo durante toda la eternidad, sin padecer jamás síntoma alguno de fatiga o lasitud.

¿Y por qué no? ¿Por qué no prolongar este paseo hasta convertirlo en una huida? Te propongo una fuga en toda regla, alejarnos de aquí para siempre, sin volver la vista atrás, dejando que nuestros pasos nos lleven a algún remoto paraje donde nadie nos conozca y a nadie debamos rendir cuentas. ¡Seamos audaces y hagámoslo! Ya sabes lo mucho que admiro la audacia y la valentía, no en vano las considero distintivos de quienes, más allá de soñar, procuran alimentar sus sueños, avivarlos con el fuego de la esperanza puesta en una realidad que los acoja. Limitarse a soñar o luchar por hacer realidad los sueños. He ahí la clave. Ahora bien, esta disyuntiva lleva a preguntarse si pueden o no los sueños mantenerse incólumes cuando el acceso pretenden al belicoso feudo de la realidad. Y la respuesta no es fácil, vaya que no. La verdad es que si uno se conformara con soñar, el sueño sería inocuo, si acaso quizá algún poso de melancolía dejaría en el ánimo tras ser confinado en su caja, la caja de los sueños, tras ser soñado. Pero ¿qué sucede cuando nos hartamos de soñar y, anhelantes, gritamos basta, quiero ahora vivir? ¿Qué ocurre cuando el sueño adquiere visos de hacerse tangible y pretendemos tocarlo? Y, sobre todo, ¿qué acontecería si, pese a todo, el sueño deviene evanescente, como les suele suceder a casi todos los sueños tras ser paridos? Tal vez en ese caso sí que fuera preferible vivir soñando antes que despertar a una realidad que jamás se corresponderá con lo idealizado en el sueño. Tal vez.

O tal vez no…. Ya te dije que la respuesta no era fácil.

"Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad". Supongo que has oído alguna vez esa frase. Ahora mismo no recuerdo quién la dijo, pero sé que es famosa. Es una frase bonita, qué duda cabe; bucólica, diría yo incluso. Hace falta, no obstante, arrojo para llevar a efecto su mensaje, un arrojo que no todos poseen. Arrojo para cambiar la realidad que nos circunda y con la que no se está de acuerdo, de manera que su modificación la haga receptiva a la fecundación por el sueño deseado, por nuestro particular sueño, ese que ansiamos se haga realidad, y arrojo para aceptar que tal vez, pese a todo, esa nueva realidad no se ajuste al sueño, esto es, arrojo para enfrentarnos a una eventual decepción que defraude las expectativas generadas. ¿Tenemos ese arrojo? ¿Lo tienes tú, brujita? ¿Lo tengo yo? ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar por un sueño? ¿Estamos preparados para afrontar las consecuencias del fracaso? Vivir exige luchar. Luchar puede generar heridas. Las heridas hacen sufrir… Limitándonos a soñar se evitan las heridas. Y no hay lucha. Pero, eso sí, tampoco hay vida. El sueño es una burbuja que en cierto modo nos protege de las saetas de la realidad. Pero ¿merece la pena vivir siempre al socaire de esa burbuja? ¿Hasta qué punto es preferible perseverar en una existencia anodina e insulsa, pero estable, al riesgo de derribarla para buscar más allá de sus escombros un horizonte más promisorio? ¿Y si tras ese horizonte esperanzador no se esconde sino una realidad aún peor que la abatida? ¿Y si el sueño resulta a la postre una mera alucinación? Demasiados interrogantes, lo sé, pero, sinceramente, las respuestas, una vez más lo repito, no son fáciles de hallar. Quizá estén en el viento, como cantaba Bob Dylan.

Sobre lo que no albergo, en cambio, duda alguna, es sobre lo encantadora que eres y lo mucho que me satisface estar contigo. En ti la realidad y el sueño se conjugaron a la perfección, dando como resultado una bruja maravillosa, una bruja sensible y comprensiva, cariñosa y divertida, inteligente y afable. Y, además de todo, preciosa. Mi linda hechicera, te veo y mis ojos, hipnotizados, contemplan el renacer de Venus.

Pero cesen ya las palabras y continuemos, bruja mía, con nuestro paseo bajo el dosel de estrellas.


C.

8 comentarios:

Ruty dijo...

Que lindeza, ¿qué mujer no quisiera que la lleven de paseo y la comprendieran de tal manera?

Un abrazo

Cavaradossi dijo...

Gracias, Ruty, por tu comentario. Infiero, a tenor del tono que deja traslucir tu interrogante, que fue de tu agrado.

Un abrazo

Maria (Muriel) dijo...

Fuga: ¿por qué tendré tanto apego, devoción, veneración y fascinación por esa palabra?

Cavaradossi dijo...

No lo sé, María. Dínoslo tú :-)

María (Muriel) dijo...

¿anhelo imposible?

Cavaradossi dijo...

No sé quién dijo aquello de que lo imposible no existía, que no era más que el fantasma de los tímidos y el refugio de los pusilánimes... Creo que fue Napoleón... Aunque, bueno, él acabó en Santa Elena. Jajajaja

Bruja Piruja dijo...

Para qué sirven los sueños si no nos mueven las entrañas a pelear por ellos??, Hay que luchar por ellos y modificar esa realidad que es nuestra. Porque es nuestra, y por ello podemos modificarla, casi, casi, a nuestro antojo... jajaja, o no??

Cavaradossi dijo...

Completamente de acuerdo contigo, Bruja Piruja. Hay que luchar para intentar cuando menos que algunos de nuestros sueños puedan hacerse realidad.

Un placer tenerte por este mar que es precisamente de los sueños