lunes, 27 de julio de 2009

AMO, LUEGO EXISTO

           Últimamente no albergo duda alguna sobre mi existencia, todo lo contrario: sé que existo, ¡existo y me siento vivo!, más vivo que nunca, y eso es así porque amo, porque dentro de mi pecho se despliega cada día, cada noche, cada instante, un carrusel de emociones que convergen en lo que a todas luces es un amor sin fisuras, libre de temores y limpio de cualquier tipo de mácula. ¿No constituye acaso el amor la principal espoleta de la vida? Amo, luego existo. Prefiero desde luego esta máxima de certidumbre a aquella otra cartesiana que nos dejara el célebre filósofo, no en vano la entiendo más certera y conforme a la peculiar naturaleza del ser humano. Y yo amo. Amo a un ser maravilloso, único, un ser que reúne las cualidades más excelsas que imaginar pudiera, un ser ideal. Hace tiempo que lo amo. Y soy feliz por amarlo…

           Ahora bien, todo lo ideal tiende por su propia esencia a eludir la realidad física, temeroso de ser contaminado al contacto con un ámbito que entiende ruin, un entorno de ordinario percudido por toda clase de escoria, enclave de un ejército en el que impera el egoísmo y la avidez desaforada, un mundo imperfecto en el que difícilmente puede hallar encaje algo que aglutina en su naturaleza la perfección más exquisita, y mi ser ideal también participa, por supuesto, de esa repulsa, no iba a ser en ese sentido una excepción, y se resiste a materializarse en el plano real, en ese mismo en el que yo, sin embargo, me veo impelido a desenvolverme, dicotomía espacial que obstruye nuestra convergencia, limitándola al terreno de la fantasía, siempre fértil no obstante, a ese extraordinario orbe donde no hay fronteras, donde los sueños despliegan su férula y de la esperanza hacen su divisa. Porque sólo en ese universo puede mi amada expandir su verdadera substancia, sólo en él tener cabida sus sinuosas formas de sirena, su mirífica morfología de hada con alas traslúcidas y ojos de luz. Sólo allí puede ser ella. Ella, conmovedora criatura que, fiel a su esencia mágica, no puede existir dentro de las coordenadas que definen mi prosaica línea de espacio tiempo.

           Habitamos, pues, planos distintos, pero no por ello insalvables, ya que el amor los conecta a través de puentes que construye mediante esos asombrosos materiales que la imaginación le proporciona. Y a fe que mi imaginación es en ese sentido profusa, no escatima utillaje, y, al igual que mi hada, cuenta con alas, sus propias alas, que despliega con entusiasmo para conducirme a la prodigiosa esfera donde, radiante, me aguarda ella.

           De entelequia tildarán muchos este amor mío, así lo harán sin duda los más racionalistas, los inficionados por esta fiebre de lo material tan extendida hoy en día, aquellos que, envueltos en su manto de oropel, bramarán envalentonados que no es más que una quimera, el sueño de una noche de verano, algo de todo punto irreal. Pero ¿por qué? ¿Acaso la realidad ha de circunscribirse por fuerza a lo que nos transmiten los sentidos? ¿Eso es lo que piensan? Pobres, son ciegos, no son capaces de ver más allá de lo que le transmiten sus ojos, son ciegos del espíritu y jamás podrán, por tanto, escapar de la cárcel en que por su minusvalía están confinados. Conforme a su limitado razonamiento, el mío es un amor imposible. Y sí, puede que lo sea dentro de los angostos límites que marcan los sentidos, lo admito, pero más allá de ese reducido perímetro puedo asegurar que no lo es. En términos absolutos fulge, por el contrario, como un Amor con mayúscula, nutrido de todo el deseo, el anhelo y la pasión que a tan sublime sentimiento resultan propios, un amor vehemente, arrebatado, fogoso, capaz de hacer bullir la sangre dentro de las venas y acelerar el corazón con el ímpetu de mil potros desbocados, porque, fuera de esa falta de convergencia en el plano físico, me basta cerrar los ojos para crear un universo paralelo en el que cogerla de la mano, besar sus labios, reír a su lado, viajar con ella a través de paraísos perdidos, sentir su piel enardecerse ante mis caricias y su carne estallar de puro placer al tiempo que lo hace la mía… ¿Un amor imposible? ¿Irreal? Tal vez, pero yo he sabido crear la dimensión donde hacerlo posible y real, una dimensión que está dentro de mi cerebro y que, si a sensaciones se circunscribe, es tan auténtica o más que la que forman las coordenadas espacio temporales de este Universo.

           No sé, quizá algún día se produzca una colisión de electrones que genere un vuelco en los elementos y haga posible que ella, mi sirena, tenga acceso a la realidad física donde yo habito, o quizá la ignota materia oscura que puebla el cosmos provoque el necesario desajuste espacio temporal para que ambas realidades se fundan en una sola, en cuyo caso yo ya podría, además de con mi mente, tocarla con mis manos, mirarla con mis ojos, olerla con mi olfato, besarla con mis labios. Si así llegara a suceder, será como si siempre hubiese estado a mi lado, porque de hecho siempre lo ha estado, y ya no nos separaríamos jamás, ligados ambos tanto en cuerpo como en alma, orbitando en la eternidad el uno alrededor del otro como dos planetas afines.

           Entretanto me quiebro cada día en mil pedazos, fugitivo huyendo de una existencia en la que las emociones se ven compelidas a soportar el opresivo peso del deber, de lo conveniente, de lo que hay que hacer. Pero cada noche ese amor ideal obra el prodigio de reconstruirme a partir de mis propios escombros…. Y sé por ello que existo.

5 comentarios:

Nassy dijo...

Simplemente sublime.

Cavaradossi dijo...

Muchas gracias, Nassy, por tu comentario. Hacía tiempo que nadie visitaba esta pequeña isla perdida donde doy rienda a algunos de mis sueños. Te agradezco que hayas tú fondeado en ella y te doy mi más cordial bienvenida.

María (Muriel) dijo...

Duele...

Bruja Piruja dijo...

Querido Cavaradossi: Y qué importa que los racionalistas tilden de entelequia este amor tuyo??. Qué saben los racionalistas de amores como éste que describes, si sus mentes están acotadas por la estricta razón??. Amores como estos se escapan de las expectativas de los racionalistas.... Olvídate de ellos y disfruta de lo que eres capaz de sentir!!!

Cavaradossi dijo...

Muchísimas gracias, Bruja Piruja. Sí, el amor es para vivirlo y disfrutarlo, sea cual sea su esencia, no para racionalizarlo desde los parámetros de la lógica. Siempre lo he creído así