lunes, 15 de junio de 2009

LA SONRISA

           Él estaba de espaldas. Ella llegó con su tradicional traje negro y extendió sus manos alargadas para apoyarlas con firmeza sobre los varoniles hombros; luego, aproximando la boca a su oído, le dijo en lo que apenas era un susurro:

           - Ya estoy aquí. Ven conmigo.

           Él sintió el aliento cálido derramarse por su cuello y entibiecer toda su piel. Un estremecimiento voluptuoso lo envolvió de arriba abajo, como una descarga eléctrica que sacudiera su espina dorsal. Se volvió para mirar su rostro. Los labios de ella dibujaban una sonrisa tenue.

            - Que ironía -pensó él-, siempre me vanaglorié de lo mucho que me sonreía la vida, y hete aquí ahora sonriéndome a la muerte.

4 comentarios:

Viernes dijo...

Ni siquiera el periodismo norteamericano que se jacta en resumir como nadie una noticia podría haberlo hecho mejor. Corto pero intenso. Genial, como siempre.

Cavaradossi dijo...

Muchas gracias, Viernes. Eres un encanto

María (Muriel) dijo...

"Hasta el último día nos puede sonreír la vida... ¿y nos lo vamos a perder?"

Eso me lo dijo una amiga que ya no está.
Una amiga que pasó su existecia postrada, y que consiguió, aun así, que la vida le sonriera hasta el final.
Me has recordado que le solía decir a su asistenta: "Péiname a cada rato, si viene doña parca a sacarme de aquí, sólo podría agradecerle el detalle estando mínimamente presentable."

Gracias por traerme ese recuerdo.

Cavaradossi dijo...

Gracias a ti, María.
Tienes toda la razón, la vida puede en todo momento ofrecernos sus jugos para que bebamos de ellos. Es cuestión de saber exprimirlos.
Muy emotivo lo de tu amiga.